Los escolares dibujaron un círculo alrededor de cada uno y la plaza de la Iglesia lució un interminable rosario de bolas blancas, evidencia de tan descuidada costumbre.
En la Plaza de la Independencia, una de las más concurridas de la ciudad y que está frente al palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, se calcula que hay otros 50.000 chicles pegados. "Es una locura", dijo Sagasti.
Para quitar los pegotes, el Municipio usará dos potentes hidrolavadoras, con las que se tardará "hasta 10 segundos en sacar chicle por chicle", y al mismo tiempo se lavarán con vapor las fachadas de piedra del centro histórico, lo que permitirá que recuperen su color original.
Entre tres y cuatro meses llevará sacar todos los chicles y Emaseo emprenderá además, junto con empresas privadas, una campaña para que la gente no los vuelva a tirar, bajo multa de hasta 24 dólares.
"Este no es un tema de aseo, es una cuestión de dignidad", sentenció, pues "si yo en mi casa no boto el chicle, no lo voy a hacer en mi ciudad".
Los chicles no son el único objetivo del Municipio, que también tiene campañas para que la gente saque la basura dentro de los horarios de recogida y para que no tire desperdicios a las calles, algo cada vez menos común en la ciudad, aunque aún latente.
FUENTE: EFE / Fotografía: EMASEO

